El asesinato del forestal de Arguis: 30 años de impunidad y una duda razonable
Pascual Garrido murió hace ahora tres décadas por ser testigo involuntario de un delito. Esta fue la principal hipótesis de las dos investigaciones fallidas sobre el conocido como crimen de la motosierra, con seis acusados finalmente absueltos y un arma que nunca apareció.
Dicen los expertos que el crimen perfecto no existe. Existen crímenes no investigados suficientemente. Sea por una indagación incompleta o porque los autores no dejaron el más mínimo rastro, lo cierto es que el brutal asesinato del guarda forestal Pascual Garrido con una motosierra en el pueblo de Arguis sigue impune al cumplirse 30 años del suceso, uno de los más atroces de la crónica negra de Aragón. A priori parecía haber pocas dudas sobre la autoría. Todo apuntaba a una rápida solución. Sin embargo, tras dos instrucciones fallidas, los seis sospechosos fueron absueltos y no podrán volver a ser juzgados. Ni ellos ni cualquier otro, ya que el delito está prescrito.
La asociación Aminta de ayuda a huérfanos de agentes forestales y medioambientales fallecidos en acto de servicio ha recordado el aniversario del asesinato, ocurrido el 2 de abril de 1991, para clamar por lo que considera una injusticia. Sin castigo, la herida sigue abierta, asegura. En el lugar de los hechos, una caseta del antiguo Comena cercana al embalse de Arguis, había un peligro distinto a los habituales para un guarda de protección de la naturaleza. El edificio, reconvertido hoy en un centro de interpretación del Parque Natural de la Sierra de Guara, lleva el nombre de Pascual Garrido en su memoria.
El asesinato del forestal de Arguis, conocido como el crimen de la motosierra, provocó una profunda conmoción social. Por la personalidad de la víctima, un joven amable y muy apreciado de solo 28 años, y por las características del suceso: la presencia de un grupo de reclusos en el lugar aquella mañana, el uso de un arma tan mortífera y el móvil del tráfico de drogas. Los reclusos disfrutaban del tercer grado penitenciario y hacían un curso de prevención de incendios. El suceso reveló la facilidad de movimientos de la que disfrutaban en sus salidas, pese a estar acompañados de un monitor, ya que incluso recibían la visita de familiares. Aquel día habían ido al menos el hermano de uno y un amigo y la mujer y los hijos de otro.
"Estaba protegiendo un águila en un sitio donde al final había un peligro distinto a aquellos con los que se enfrentan los agentes forestales”
Esa mañana, Pascual había ido a atender a una águila herida que dejó en la caseta forestal de Arguis. Un compañero suyo encontró el cuerpo horas después, salvajemente mutilado. La presencia del grupo de internos de la cárcel de Huesca en la zona puso enseguida el foco en ellos. Fueron acusados cuatro de los ocho participantes, además de dos presuntos cómplices que habían ido a visitarlos. Pero la investigación se enredó, hasta el punto de que el caso fue sobreseído, y cuando se reabrió acabó en una sentencia absolutoria.
La caseta forestal de Arguis donde sucedieron los hechos es hoy un centro de interpretación del Parque Natural de la Sierra de Guara y lleva el nombre del agente asesinado.RAFAEL GOBANTES
Pascual estaba en el sitio inadecuado en el momento más inoportuno, señala Antonio Gutiérrez, presidente de la asociación Aminta, quien alude a la tesis mantenida por la acusación: lo mataron porque fue testigo involuntario de un intercambio de droga entre los presos y algún familiar que acudió a Arguis.
“Ha habido asesinatos de forestales por furtivos o cazadores, accidentes en vehículos y helicópteros, incendios.. pero el caso de Pascual es único. Estaba protegiendo un águila en un sitio donde al final había un peligro distinto a aquellos a los que se enfrentan los agentes”, señala Gutiérrez, quien recuerda que el caso adquirió un tono más dramático por el arma homicida, una motosierra que se desvaneció como por arte de magia. Se la buscó en el bosque y en el pantano, e incluso en las obras de la carretera, pero nunca apareció. “Es el único caso que hay en España con esos tintes de crueldad. Ese ensañamiento con él a la hora de usar la motosierra… Es raro, porque una motosierra no desaparece de modo tan fácil”, comenta.
“Ha habido asesinatos de forestales por furtivos o cazadores, accidentes en vehículos y helicópteros, incendios.. pero el caso de Pascual es único"
A la pregunta de si se investigó suficientemente, responde el hecho de que llegó a haber dos procesos indagatorios. El instructor judicial detuvo en un primer momento a los reclusos como presuntos autores de la muerte y a dos personas que los visitaron, pero semanas después los dejó en libertad por falta de indicios claros. Finalmente, en noviembre de 1992, el juez, Fernando Ferrín Calamita, lo sobreseyó.
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