El visitante o Yeclano que pretenda pasear por las calles de la Ciudad en uno de los días más grandes de la Semana Santa, debe elegir para este Jueves Santo un calzado cómodo. Por la mañana, un lugar de visita es sin duda la Basílica de la Purísima, donde cientos de cofrades y de personas se acercan a contemplar de cerca los Pasos que forman la procesión de la tarde, y que reciben los últimos retoques. Hasta media tarde otro lugar de visita es el Santuario del Castillo, allí la Patrona de la Ciudad, desde su camarín, vela por la Ciudad. En su Capilla descansa el Stmo. Cristo del Sepulcro al que una leyenda asocia que fue realizado una noche por los Ángeles, disfrazados de peregrinos. La Ciudad de Yecla se extiende a la falda del monte destacando sobre los muchos edificios la Basílica y la Iglesia Vieja.
Por la tarde se celebra la primera de las celebraciones del Triduo Santo; la Misa de la Cena del Señor. Cada uno de sus momentos se encuentra plagado de símbolos y referencias de las Sagradas Escrituras. Al término de la misma, el Cuerpo y Sangre de Cristo, la realdad sacramental y patente del catolicismo que supone la presencia de Cristo en la Eucaristía, es colocado en el Monumento, rodeado de las más preciadas joyas de orfebrería, además de las flores y algunas palmas del Domingo de Ramos, con las que resalta ésta presencia.
A últimas horas de la tarde se pone en marcha la Procesión de "la Pasión del Señor" que abarca las principales escenas de la muerte de Cristo, desde la Oración en el Huerto hasta la Soledad de su Madre.
Un organizado desfile lleno de luz, color, músicas y hermosas tallas. Comienza pausada, sin prisas...Es Cristo orando en el huerto, preso, azotado, coronado de espinas y sentenciado, nazareno, despojado, crucificado en su agonía, ensangrentado por la lanzada y puesto en brazos de su Madre, acompañado por un Pedro que lo niega tres veces, la Verónica que limpia su rostro, San Juan y Santa Maria Magdalena que acompañan a Maria en sus dolores...
Dos largas horas necesita el desfile, que a media noche se recoge en las naves basilicales de la Purísima.
A las doce de la noche, desde la pequeña Iglesia del "Hospitalico" parte la "Procesión del Silencio" que recorre el centro de la ciudad a oscuras. Solo el Paso del Cristo de la Paz, titular de la misma y los cirios de los nazarenos iluminan el recorrido. Testigo presencial es la Luna de Nisan, la luna llena que ilumina la noche del Jueves Santo.
A medida que avanza la procesión, se meditan las 14 estaciones del Vía Crucis, y el silencio es roto por el ronco sonido del tambor y las notas entrañables de las "Saetas del Silencio" (Anónimo del S. XVI) y originarias de la Hermandad del Silencio de la Capital Hispalense.
Cercana las tres de la madrugada termina la larga jornada del Jueves Santo.
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