La verdadera transformación ocurre dentro de tu cuerpo, no alejándote de él. Prestemos atención a una de las lecciones de sabiduría más poderosas de Eckhart Tolle.
La negación del cuerpo y la desconexión humana
Los seres humanos, al compartir funciones básicas con los animales, han desarrollado un conflicto con su propia naturaleza corporal. Tras la “caída” de un estado de unidad y gracia, tomaron conciencia de su cuerpo animal y esto les resultó perturbador. La vergüenza, el miedo y los tabúes sobre el cuerpo, especialmente en torno a la sexualidad, surgieron como mecanismos de defensa ante la posibilidad de ser dominados por los impulsos instintivos.
La religión y la represión del cuerpo
Con el desarrollo de las religiones, esta disociación se hizo aún más fuerte. Muchas tradiciones espirituales promovieron la idea de que el cuerpo es una carga o un obstáculo para alcanzar la iluminación, lo que llevó a prácticas de mortificación de la carne, ayuno y represión de los sentidos. Se intentó alcanzar a Dios a través de la negación del cuerpo, lo que derivó en la lucha contra la naturaleza física en lugar de su integración.
El error de negar el cuerpo para alcanzar la iluminación
Ningún maestro verdadero ha enseñado que la iluminación se consigue rechazando el cuerpo. Aunque experiencias extracorporales pueden dar una sensación de liberación momentánea, la verdadera transformación ocurre dentro del cuerpo, no alejándose de él. La espiritualidad no se basa en escapar de la existencia física, sino en integrar el cuerpo como un vehículo de conciencia.
Las enseñanzas malinterpretadas de Jesús y otras tradiciones
Se han perdido o tergiversado muchas enseñanzas antiguas sobre la relación con el cuerpo. Jesús mencionó que “todo vuestro cuerpo se llenará de luz”, pero este mensaje fue en gran parte ignorado en favor de doctrinas que promovían la separación entre cuerpo y espíritu. Mitos como la ascensión de Jesús con su cuerpo reflejan el poder de integrar la espiritualidad con la corporalidad en lugar de negarla.
El cuerpo como la puerta de entrada al Ser
La verdadera espiritualidad no consiste en rechazar el cuerpo, sino en reconocerlo como un portal hacia lo divino. El cuerpo físico es solo una capa superficial, un velo ilusorio que esconde la realidad esencial del Ser. En lugar de buscar la verdad en el exterior o en experiencias místicas alejadas del cuerpo, se debe dirigir la atención hacia el cuerpo interior, donde reside la conexión con la vida no manifestada.
El poder de habitar el cuerpo en el presente
Estar en contacto con el cuerpo interior transforma la vida, elevando la frecuencia de vibración y generando un estado de mayor conciencia y presencia. Esto no solo reduce la negatividad y el miedo, sino que también cambia la manera en que se experimenta la realidad, atrayendo circunstancias alineadas con una vibración más alta.
Liberarse del control de la mente y del miedo
Cuando no se está presente en el cuerpo, la mente y las emociones toman el control, generando patrones automáticos de miedo, sufrimiento y resistencia a la vida. La única forma de romper este ciclo es llevar la atención al cuerpo interior, anclarse en el Ahora y soltar las historias mentales que alimentan el miedo.
El perdón como herramienta de liberación
La falta de perdón —hacia otros, hacia uno mismo o incluso hacia el futuro— es una trampa mental que refuerza la identidad del ego y genera sufrimiento. Perdonar no es justificar ni olvidar, sino soltar la carga emocional y dejar que la vida fluya sin resistencia. La mente no puede perdonar, pero la conciencia sí puede hacerlo cuando está presente en el cuerpo.
El cuerpo como cimiento para la estabilidad interna
Permanecer en contacto con el cuerpo interior crea un estado de estabilidad y arraigo, como un árbol con raíces profundas. Al igual que en la parábola de Jesús sobre la casa construida sobre roca, quien está arraigado en su cuerpo interior no se deja arrastrar por las tormentas externas de la vida.
La clave: sentir el cuerpo interior en todo momento
Para alcanzar un estado de transformación real, es necesario desarrollar la conexión con el cuerpo interior de manera constante. Al hacer esto, se profundiza en el presente, se reduce el ruido mental y se accede a la paz interior. Esta práctica no solo mejora la calidad de vida, sino que permite trascender la ilusión de la separación y experimentar la unidad con el Ser.
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