Daroca, sobre el curso del Jiloca, en una zona de regadío, es uno de los ejemplos de ciudad amurallada más perfectos de Aragón. Se halla al SO de la provincia de Zaragoza, a 782 m de altitud, y está poblada por 2,044 habitantes.
Bajo el nombre de Contrevia, fue capital de la tribu celta de los lusones, en la Celtiberia Nuclear. Los fenicios la bautizaron “Dareck”. Los romanos “Agiria”, que defendía la Vía Laminitana, entre Zaragoza y Valencia, citada por Antonino Pío en su Itinerario por Hispania.
Y los árabes Qalat-Darawka, influyente ciudad andalusí ubicada en el camino de Laminio (entre el Cerro de la Mesa de Ruidera y Zaragoza). El literato árabe del siglo XI Abu Walid al-Himyari, así nos la describe: “Qalat- Darawka era ciudad pequeña, pero muy poblada, con muchos jardines y viñas; abundante y barata”. Este autor no dudó en establecer una estrecha relación entre el nombre de la población y la oca –ave palmípeda, cuyo simbolismo ocultista se remonta a la noche de los tiempos, elevada a la categoría de animal sagrado, probablemente por su carácter migratorio -, muy abundante en la ribera del Jiloca durante la Edad Media.
En el año 1099, Rodrigo Díaz de Vivar, en su larga andadura de destierro desde Castilla a Valencia, quedó fascinado ante las riquezas de esta población: “Pues en su fértil huerta hallaba abundante el pan, la cebada y los ganados necesarios para su ejército”, leemos en “La España del Cid” (pág. 274), de Ramón Menéndez Pidal. En esta ciudad hispano-musulmana, paradójicamente, el adalid cristiano encontró el remedio a una terrible enfermedad que le atormentaba, resuelta sin dificultad por los médicos judíos de Qalat-Darawka.
Dos años después de la conquista de Calatayud, en 1122, Alfonso I “el Batallador” conquistó Kal’at Darawka y, le dio el nombre de Daroca. Este monarca quedó extasiado ante la grandiosidad de sus murallas: “Tenía ya entonces un castillo fortísimo, que era la principal fuerza dentro de la Celtiberia, y la frontera contra el reino de Valencia y los moros de Molina y Cuenca”. Por tal motivo, no dudó en convertirla en capital de la mayor Comunidad de Aragón, que incluía 117 poblaciones, al tiempo que establecía en Albonica (Monreal de Campo) la encomienda templaria de estos territorios tan próximos a la frontera nordeste de al-Andalus. En 1142, el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, concedió grandes privilegios y exenciones para los que poblasen Daroca.
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