Aunque etimológicamente blasfemia puede denotar el menoscabo del honor debido a una criatura así como el perteneciente a Dios, en su acepción estricta sólo se usa en este último sentido. De ahí que Suárez la definió como "cualquier palabra de maldición, reproche o contumelia pronunciada contra Dios (De Relig, tracto III, lib I, cap IV, n 1). Se ha de señalar que de acuerdo con la definición (1) blasfemia se establece como una palabra, pues de ordinario se expresa oralmente, aunque se puede cometer en el pensamiento o en el acto. Al ser principalmente un pecado de la lengua, se verá que se opone directamente al acto religioso de alabar a Dios. (2) Se dice que es contra Dios, aunque esto puede ser sólo mediatamente, como cuando la palabra contumeliosa se dice respecto a los santos o de las cosas sagradas, debido a la relación que sostienen con Dios y su servicio.
En cuanto al significado de las palabras con que se expresa, la blasfemia puede ser de tres tipos: (1) Es heréticacuando el insulto a Dios envuelve una declaración que es contra la fe, como en la afirmación: “Dios es cruel e injusto” o “La obra más noble del hombre es Dios.” (2) Es imprecatoria cuando se grita una maldición contra el Ser Supremo como cuando uno dice: “Fuera con Dios”. (3) Es simplemente contumaz cuando está enteramente compuesta por desprecio de, o indignación hacia Dios, como en la blasfemia de [Juliano el Apóstata]]: "Tu has conquistado, oh, galileo".
Además, la blasfemia puede ser (1) ya sea directa, como cuando el blasfemador intenta formalmente deshonrar a la Divinidad, o (2) indirecta, como cuando, sin esa intención, se usan esas palabras blasfemas con advertencia de su alcance.
La blasfemia es en toda su naturaleza (ex toto genere suo) un pecado mortal, el más grave que se puede cometer contra la religión. La seriedad de una ofensa es proporcional a la dignidad de la persona hacia la que se dirige. Puesto que el insulto en la blasfemia se ofrece a la inefable majestad de Dios, el grado de su atrocidad debe ser evidente. Sin embargo, debido a una ligera o ninguna advertencia, la blasfemia puede ser o pecado venial o no ser pecado en absoluto. Así muchas expresiones verbalizadas bajo la ira escapan de la enormidad de pecado grave, excepción, claro está, cuando la ira se descarga contra Dios. Además, en el caso en que el lenguaje blasfemo se pronuncie inadvertidamente, por la fuerza de la costumbre, no se comete pecado grave siempre y cuando se haga resistencia seria al hábito. Sin embargo, si no se realiza tal esfuerzo, no puede haber sino grave culpabilidad, aunque no se cometa un pecado mortal en ocasión de todos y cada uno de los estallidos de blasfemia.
Y es que en ese sentido, Adolfo "Einstein" no puede eludir la clasificación de blasefemo, así como tampoco la de hipócrita, en tanto que busca invariablemente atraer almas para "evangelizarlas", aunque no se sabe muy bien a qué, ni para quién, puesto que la cantidad de herejías que este personaje dice con una total carga de arrogancia y altivez, no son propias, sino de la perversidad emanada del más puro y rancio anticatolicismo. Y en este programa lo vamos a analizar.
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