La historia narra la terrible experiencia de Sofía, una mujer cuyo marido y suegra le impiden la entrada a su propia casa junto a su madre recién operada de cáncer. La suegra, Isabel, cree que el cáncer es contagioso y trae mala suerte, por lo que cambia la cerradura y borra la huella digital de Sofía para evitar que su madre entre en la vivienda.
Este acto desencadena una serie de recuerdos en Sofía, quien reflexiona sobre los diez años de matrimonio con Javier. Recuerda cómo su madre, Carmen, a pesar de sus recelos iniciales por la humilde procedencia de Javier, siempre los apoyó. De hecho, fue Carmen quien compró el piso en el que vivían, poniéndolo a su nombre para proteger a su hija, pero pidiéndoles que dijeran que lo había comprado Javier para salvaguardar su orgullo.
La situación llega a un punto crítico cuando Sofía, tras llevar a su madre a casa de su hermana, regresa y se enfrenta a su suegra y a su marido. La discusión revela la cobardía de Javier, quien admite haber cambiado la cerradura por orden de su madre. Sofía, harta de la situación, desvela la verdad sobre la enfermedad de Javier, un cáncer de pulmón que su madre cuidó, y la verdadera propiedad de la casa.
La revelación provoca un desmayo en Isabel y la furia de Javier. En el hospital, Isabel acusa a Sofía de ladrona y maltratadora ante una multitud. Sin embargo, Sofía, con pruebas en mano, cuenta toda la verdad, ganándose el apoyo de los presentes. Finalmente, con la ayuda de su hermana, Sofía consigue un divorcio favorable, la custodia de sus hijos y que Javier y su madre abandonen la casa.
Dos años después, Sofía ha rehecho su vida, tiene un nuevo trabajo y una nueva pareja. Un día, se encuentra a su ex suegra trabajando como limpiadora, quien le pide perdón. Sofía, sin rencor pero sin olvidar, sigue adelante con su nueva vida, demostrando que abandonar una relación tóxica es un renacimiento. El cáncer, contrariamente a las supersticiones de su suegra, no es contagioso y no se transmite de persona a persona.[1][2][3][4][5] Existen muchos mitos y creencias erróneas en torno a esta enfermedad, pero la ciencia ha demostrado que no hay relación entre el cáncer y la mala suerte.[6][7]
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