Octavio Sierra Gutiérrez nació el 12 de marzo de 1931 en Las Rozas de Valdearroyo en el seno de una familia con profundas raíces en la agricultura, la ganadería y la minería. Su familia, originaria de Quintanilla, se trasladó a Medianedo, donde nacieron Octavio y su hermano. A finales de los años 20, su padre comenzó a trabajar en La Naval, factoría histórica en Reinosa, y en la década de 1930 la familia se estableció en Requejo, donde nació su hermana Virginia y residieron durante algunos años.
Octavio inició su educación formal a los cinco años en la escuela de Requejo y, a partir de los siete hasta los catorce, continuó sus estudios en Medianedo, donde compartió aula con niños de localidades cercanas como Quintanilla y La Magdalena. Su formación estuvo marcada por las dificultades de la Guerra de España, aunque las clases persistieron, las alertas de bombardeos provenientes de La Naval interrumpían la enseñanza y obligaban a los niños a resguardarse en refugios cercanos. Un hecho que dejó huella en su memoria fue la detención del maestro, don Pablo Muñoz, por razones políticas, un episodio que generó reacción en la comunidad escolar, que exigió su regreso.
Octavio también recuerda el impacto de la guerra en su entorno inmediato: los desplazamientos de tropas y los combates en las cercanías de su localidad, la presencia de soldados italianos en la región y los pequeños gestos de humanidad en medio del conflicto. En este contexto, su propio padre, Antonio Sierra, fue reclutado forzosamente para excavar trincheras en Asturias bajo las órdenes del ejército republicano.
Octavio vivió en un entorno donde el trabajo era esencial para la subsistencia familiar, por ello, alrededor de los 15 años, comenzó a trabajar junto a su primo en la construcción de la presa del Ebro en la zona de Valdearroyo. Durante varios meses, Octavio colaboró como pinche, ayudando a los carpinteros en la obra y transportando materiales como alambre, yeso y madera para el encofrado de túneles y muros. Durante este tiempo, Nicolás Calderón, su maestro carpintero, le enseñó los fundamentos del oficio, mientras Octavio recibía un jornal de 10 pesetas. Además, tuvo la oportunidad de interactuar con varios presos provenientes de Bilbao y Asturias, quienes formaban parte del equipo de trabajo y vivían en barracones en Arroyo, mientras soportaban condiciones laborales extremadamente duras.
Sin embargo, en 1938, tras la Guerra Civil Española, la familia regresó a Quintanilla de Valdearroyo, donde vivieron hasta que, en mayo de 1947, se notificó el cierre de las compuertas del embalse y la inminente obligación de abandonar las viviendas, ya que el agua comenzaba a embalsarse. Esto forzó a la familia Sierra, al igual que a muchas otras de localidades como Medianedo, Quintanilla de Valdearroyo y La Magdalena, a dejar sus hogares antes de que quedaran sumergidos. Ante esta situación, a principios de los años 50, la familia Sierra se trasladó a Quintanilla de Polledo, una pequeña aldea que, con el tiempo, quedó aislada por el embalse y que hoy está despoblada. Ubicada en la península de La Lastra (Las Rozas de Valdearroyo), en este nuevo entorno, su padre y sus hermanos trabajaron en las minas cercanas, mientras que su madre, Virginia, además de encargarse del hogar, las labores agrícolas y el cuidado del ganado, realizaba en temporada labores agrícolas para el alcalde de Requejo.
Octavio fue de la “quinta del 52” y, tras cumplir el servicio militar en los años 50 en Pamplona, decidió probar suerte en Bilbao. Allí trabajó en la construcción, ascendiendo de peón a encofrador profesional. Sin embargo, una carta de su madre pidiéndole que regresara lo hizo volver a su tierra natal. En 1954, Octavio volvió a Medianedo, donde, junto a su hermano, empezó a trabajar en la ganadería, principalmente en la cría de corderos y vacas. En 1961, impulsaron la construcción de una cuadra y, en la década de los 60, realizaron una venta significativa de ganado. En los años 70, tras la pérdida de sus padres, Octavio continuó trabajando como ganadero casi tres décadas más.
Después del fallecimiento de su hermano, Octavio decidió retirarse en 2015, tras 61 años dedicados a la ganadería. A pesar de su retiro, sigue cultivando sus tierras y manteniendo una vida activa, lo que considera esencial para su bienestar. En la actualidad (2024), Octavio se aproxima a los 94 años y reside en Orzales con su pareja, Josefa, nacida en Reinosa. Como él mismo expresa: “Cada día que pasa, tengo más ganas de haber nacido”.
Legado Cantabria es una producción de Fundación PEM
Информация по комментариям в разработке