"Dios no quiere ser alguien lejano, sino que desea estar con nosotros". La Palabra dice que, si los padres, aun siendo imperfectos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más nuestro Padre celestial!
Dios tiene proyectos y planes para nuestras vidas.
Para recibir los planes de Dios, necesitamos buscarlo y estar dispuestos a escuchar lo que Él quiere hablarnos. Él nos dijo que este año derramaría aceite de expansión sobre nuestras vidas y no solo en un área, sino en todas las áreas de nuestra vida.
(Juan 3:2) “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”
De la misma manera que crecemos interiormente, también crecerá todo lo que nos rodea.
Cuando la gloria de Dios se manifiesta en nuestras vidas, todo retroceso tiene que irse.
¡Hay principios para prosperar en todas las áreas!
Las bendiciones que Dios da no añaden tristeza consigo.
La prosperidad no es solo económica, sino que alcanza todas las áreas: la familia, el alma, la iglesia. Hay frutos cuando personas son salvadas y las familias son restauradas. Estas son señales de quién es el que obra: el Dios que hizo los cielos y la tierra.
Prospera el corazón, los pensamientos y la capacidad de soñar. Cuando el Espíritu de Dios nos libera de la cautividad, comenzamos a creer que Dios lo puede hacer. El “no puedo” se va, y declaramos: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
¡Dios todo lo puede hacer! El que da fruto es aquel que está alineado con Dios y con sus propósitos.
“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” Juan 7:38
El desierto es una etapa de nuestra vida que, sí o sí, debemos atravesar. Muchas veces el desierto se prolonga porque no salimos aprobados de él. La queja extiende el desierto; criticar lo que Dios dice también lo alarga.
Jesús fue llevado al desierto, y en el desierto vinieron las tentaciones. Pero Dios nos da el poder de su Espíritu para vencer, y cuando vencemos, ese desierto se atraviesa en victoria.
El mismo Espíritu Santo que estuvo con Jesús estará en tu vida. Si venciste el desierto, volverás en el poder de Dios: donde antes eras débil, ahora serás fuerte.
Debemos mantenernos buscando a Dios aun después del desierto. Cuando salís del desierto en victoria, la prosperidad comienza a manifestarse en tu vida.
Es fundamental cuidar lo que aprendimos en el desierto, porque allí está la fuente. Jesús, cuando comenzó a prosperar en su ministerio, volvió a buscar a Dios.
La Palabra dice: “No seáis como el caballo o como el mulo, sin entendimiento.” (Salmos 32:9)
Vos decidís: volver al desierto como un lugar de crecimiento, para buscar a Dios, tomar tiempos de ayuno, de clamor y de intimidad con Él; o el Señor, con mucho amor, te volverá a atraer a ese lugar para tratar tu corazón.
Déjame decirte que tu desierto no es eterno. Tiene fecha de vencimiento.
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