De la flor innata de la caballería andaluza brotó la ambición de una hazaña sin par: una cabalgada destinada a humillar al emir y colmar sus arcas. Así, se adentraron en las escarpadas y traicioneras sierras de Málaga, ávidos de un botín fácil y de gloria imperecedera. Pero lo que aguardaba entre aquellas peñas no era la riqueza, sino una celada; un laberinto de muerte urdido por el genio de la guerra de guerrillas, el caudillo nazarí conocido como El Zagal.
La incursión cristiana en la Axarquía fue capitaneada por dos grandes señores: Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz, desde su plaza en Marchena, y Alonso de Cárdenas, Maestre de Santiago, desde Écija. A ellos se sumó una figura decisiva y oscura: Bernardino de Osuna. De origen musulmán y conocedor profundo del territorio, su palabra sería clave para inclinar la balanza. Fue él quien, con persuasivas promesas, convenció al Maestre de que la Axarquía malagueña era presa fácil, abundante en ganados para el saqueo.
Cegados por la arrogancia y la avaricia, desoyeron una verdad esencial: ni la Axarquía era rica en ganado por la sequedad de su tierra, ni sus caminos eran accesibles, sino quebrados y hostiles. La ingenuidad del Maestre, al confiar ciegamente en su adalid, lo arrastró al pecado de la codicia.
Tras un concilio entre Écija y Marchena, el Marqués y el Maestre extendieron su llamada a las más altas espadas de Andalucía: Juan de Silva, Conde de Cifuentes; Alonso de Aguilar, señor de su casa; y Pedro Enríquez, Adelantado Mayor de la región. Todos respondieron al cebo de la fortuna.
El 19 de marzo, un enorme ejército se congregó en Antequera. Jóvenes de Carmona, Écija, Jerez y Sevilla se alinearon bajo sus estandartes: los cordobeses tras Alonso de Aguilar; la nobleza ecijana y los comendadores santiaguistas tras el Maestre; los sevillanos tras el Conde de Cifuentes y el Adelantado; los jerezanos tras el Marqués de Cádiz y su alcaide, Juan de Robles. A ellos se unieron los alcaides de Antequera, Morón, Archidona y otras fortalezas fronterizas.
Fue allí, en el último instante, cuando otro adalid, Luis Amar, alzó su voz de advertencia. Expuso con claridad la locura de internarse en la Axarquía y propuso desviar la ofensiva hacia Almogía. Pero ni el Marqués ni el Maestre quisieron escuchar. Cegados por su soberbia y hechizados por el espejismo del botín, dieron la orden de marchar. Y el laberinto de muerte los esperaba.
Si tu gustó el vídeo, deja tu like, haz algún comentario y no olvides suscribirte a este CANAL para que quedes por dentro de los próximos vídeos que estaré subiendo cada semana.
Correo de Contacto: axarquiatv@gmail.com
Mira tambien : Juan Breva el mejor cantaro Flamenco: • Juan Breva Vélez-Málaga
Информация по комментариям в разработке