Oro y Ceniza
Te levanté del polvo y del frío,
cargué tu invierno sobre el mío,
te di mi pan, mi fe, mi hogar,
mi sangre lista para pelear.
Pagaba el techo de tus heridas,
llené tu mesa, sostuve tu vida,
brillaban tus uñas como traición,
mientras afilabas otra intención.
Y yo creyendo en tu palabra,
juramentos hechos en la nada,
pero en la sombra de tu altar
otro fantasma volvió a llamar.
No fui tu rey, fui tu prisión,
oro en tus manos, hielo en tu voz,
te di mi fuerza, mi devoción,
y tú volviste al mismo error.
Que arda el pacto, que caiga el telón,
no hay redención para la traición,
mi nombre queda, firme y fiel,
el tuyo es solo polvo y hiel.
Compré tus sueños con sacrificio,
mientras mentías con beneficio,
tu lealtad fue ficción mortal,
una corona hecha de cristal.
No fue pobreza lo que dolió,
fue ver que tu ambición ganó,
mientras yo luchaba por los dos,
tú revivías tu viejo adiós.
No me venciste, me despertaste,
no me rompiste, me templaste,
la herida arde, pero aprendí,
que no se sangra por quien no es de ti.
No fui tu rey, fui tu lección,
no hay imperio sin traición,
lo que entregué no fue en vano,
mi honor no cabe en tu engaño.
Que el alba juzgue lo que fue,
yo camino firme otra vez,
de tu reino solo quedó
oro y ceniza… nada más.
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