El Arzobispo castrense de España, Monseñor Don Juan Antonio Aznárez, presidió el pasado 13 de junio a las 17 horas, en la Iglesia Catedral castrense, la ordenación sacerdotal del diácono del Seminario castrense D. Francisco Javier Gómez Anduaga.
El rito de la ordenación se celebró dentro de una Misa solemne, que presidió el arzobispo, acompañado de su presbiterio y con la participación de los fieles del Arzobispado.
Después del Evangelio y antes de comenzar la homilía, se llevó a cabo el triple rito de la llamada, la petición de ordenación y la elección. La elección de Dios al orden sacerdotal ha sido discernida y confirmada por la Iglesia durante los años de seminario y, esto se expresa en este rito.
Seguidamente, se estableció un diálogo entre el Arzobispo y el Rector del Seminario, dónde el Arzobispo le preguntó si sabía si el ordenando era digno, a lo que el Rector le contestó: “Después de haber consultado al pueblo de Dios, doy testimonio de que ha sido considerado digno”. De esta manera, el Arzobispo concluyó este primer rito introductorio de la ordenación eligiendo al candidato para el Orden de los Presbíteros, a lo que todos los fieles contestaron: “Demos gracias a Dios”.
En la homilía el Arzobispo señaló el significado del ministerio sacerdotal que es un camino de servicio; el más grande es el que más ama, el que más sirve, ya que Jesús vino a servir y no a ser servido.
Al acabar la homilía, el Arzobispo preguntó al candidato sobre su disponibilidad a la hora de recibir el ministerio y su disposición a ser un fiel colaborador del ministerio episcopal.
También le preguntó si estaba dispuesto a ejercer el ministerio de la Palabra, presidir las celebraciones litúrgicas, rezar por el pueblo que le sea encomendado y, unir su vida a Cristo.
Ante la respuesta afirmativa del ordenando, el Arzobispo le preguntó finalmente si prometía respeto y obediencia, tanto a él como a sus sucesores. El rito finalizó con una exhortación del Arzobispo al elegido: "Dios, que comenzó en ti la obra buena, Él mismo la lleve a término".
IMPOSICIÓN DE MANOS Y LA PLEGARIA DE ORDENACIÓN
El momento más importante de la celebración del sacramento del orden sacerdotal, llegó con la imposición de manos y la plegaria de ordenación. La imposición de manos no es sólo la transmisión de un poder o de una autoridad, es el don mismo del Espíritu Santo.
Después de la imposición de manos del Arzobispo sobre el ordenando, los fieles permanecieron en silencio orante, mientras todos los sacerdotes presentes impusieron también las manos sobre el ordenando.
A continuación, fue revestido como presbítero para la celebración de la Misa. Para ello, otros capellanes le ayudaron a ponerse la estola y encima de ella la casulla.
Luego se le ungió con el Santo Crisma, signo del carácter sacramental de la ordenación y se le hizo entrega del cáliz y la patena con la que se iba a celebrar la Eucaristía, como signos del deber de presidir la celebración eucaristía y de seguir a Cristo crucificado.
Por último, el Arzobispo abrazó al nuevo presbítero, en señal de acogida en el ministerio.
La ceremonia de ordenación contó con la asistencia de autoridades militares, familiares y amigos del nuevo sacerdote.
Al día siguiente, sábado 14 de junio a las 12 horas, el páter D. Francisco Javier Gómez Anduaga, celebró su Primera Misa Solemne en la Parroquia Castrense de Nuestra Señora del Carmen, de Madrid.
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