ASIA MARTÍN (Realización, vídeo y montaje)
JUAN ANTONIO CARBAJO (Guion y redacción)
Cómo recorrer el mundo con la familia en un crucero con todos los gastos pagados. Mamen García lo hizo durante siete años a cambio de cantar una hora cada noche. Fue en el medio de sus dos vidas. En la primera, pianista, compositora, intérprete, logró ser conocida como “la cantante de la tele” cuando la orquesta Patxinguer Z se perpetuó en ‘Si yo fuera presidente’, el programa de moda en los ochenta. En la segunda vida, que emprendió a los 50 en busca de nuevos rumbos, se destapó la actriz. Su presencia en musicales de renombre le dieron la seguridad suficiente para explorar variopintos territorios: De Chéjov en el teatro (donde se las apañó para incluir canciones) a Escenas de matrimonio en televisión. Ahora “con muchos más de 70 años” cumplidos sigue activa en los tres frentes: teatro (‘Caperucita en Manhattan’), televisión (‘La que se avecina’) y un musical con su hijo Albert Sanz al piano titulado ‘Hasta el final de la fiesta’, toda una declaración de intenciones. Mamen García cuenta en el minidocumental de #MuchaVidaQueContar que le dedica la Fundación AISGE por qué no se considera “una actriz al uso”.
La música guía la vida de Mamen García (Absubia, Alicante, 1947) desde los siete años, cuando se topó en el colegio de Ontinyent con un piano en el que podía tocar las canciones que escuchaba en la radio, de Marisol a Sara Montiel, y a partir de entonces guía sus pasos. Estudió piano, se marchó a Londres para poder “cantar en inglés”, trabajó en el departamento de música de Foyles, un librería de cinco plantas en Charing Cross, porque “conocía todas las partituras”… En Londres conoce a su marido, Pep Sanz, “un compositor genial, un músico maravilloso”, describe Mamen.
La pareja se instala en Barcelona en 1972 y dispuestos a vivir de las canciones forman el Dúo Aries, que recorrió durante un par de años los cafetines de la ciudad. Pero Pep quiere dedicarse a la música clásica y se trasladan a Valencia. El panorama no es fácil. “Ya tenía un hijo, me había quedado embarazada de otro y no teníamos ni oficio ni beneficio”. La luz llega cuando se enrola en la orquesta Patxinger Z de Lluís Miquel, un pionero de la Nova Cançó valenciana y un emprendedor indispensable en el audiovisual de la Comunidad Valenciana.
“Entramos en Si Yo Fuera Presidente, un programa de los que ya no se hacen, de Fernando García Tola, un soñador. Fuimos para un día y nos quedamos dos temporadas. En la calle me conocían como ‘la cantante de la tele”. Pero aquel ciclo se acaba y debe buscar alternativas a la falta de bolos. Llegan el doblaje y los cruceros. “Estuve siete años, que es un ciclo completo de Urano, viajando gratis con mi familia, que se lo pasaba bomba”. Mamen García es una astróloga devota. En el doblaje se encontró de pronto con 50 años teniendo que transformar la voz porque para hacer “abuelas mayores”. “Pensé: ¿esta va ser mi vida ahora?”. Fin del primer acto de la vida de Mamen García.
“Salió el casting de El hombre de la Mancha (1997) y allí que fui. Me cogieron y volví a empezar de cero. Comencé a hacer otro tipo de cosas”. El director era Gustavo Tambascio, que la llamó luego para Memory: de Hollywood a Broadway (2000), Las alegres comadres de Windsor (2002) y Zorba, el griego (2002), con Fabio Testi, “un hombre muy generoso en escena”. Estuvo también en Follies (2012), “increíble, 18 personajes y 12 músicos, una maravilla” y fue durante tres temporadas la abuela en Billy Elliot (2017).
Los musicales le dieron a Mamen la seguridad necesaria para afrontar retos interpretativos que le reportaron tres premios de las Artes Escénicas de la Generalitat Valenciana a mejor actriz por cada una de las obras del dramaturgo norteamericano Christopher Durang que representó: Naturalesa i propòsit de l’Univers (1999), Teràpies (2005) y Crisis de identidad (2009), de la que cuenta: “Era muy original, arriesgada y atrevida; estaba siempre en escena y no daba tregua, me tenía que tomar un Red Bull para aguantar. Gracias, Christopher”.
Hizo dos Chéjov, Éramos tres hermanas (2014) y Vania (2016). “Ya eran palabras mayores. Chéjov mola cantidad”, dice. Y con la complicidad del director, Carles Alfaro, consiguió meter canciones en ambas. “Parecía que iba a dejar la música, pero no”.. Sacó un par de discos producidos por ella con sus canciones: El cofrecito (2011) y Amor (2023), este con un aroma a jazz impregnado por su hijo Albert Sanz y el contrabajista Javier Colina. Albert habla de su pasión por su madre en el video: “Es una cantante y una compositora increíble. Muchos cantantes flipan cuando la ven interpretar”.
La televisión la vuelve a hacer popular en 2008 cuando entra en Escenas de matrimonio. ¿Y ahora? “Estoy en un momento de ensueño, me siguen llamando para hacer cosas”, cuenta en el tramo final del vídeo.
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