Piedras, pizarra, hierros y madera quemada son algunas cicatrices de la minería en la provincia onubense.
Decenas de minas yacen abandonadas al implacable transcurso del tiempo. Una de ellas es Confesionarios, ubicada a un kilómetro de Valdelamusa, una pequeña pedanía y población minera de algo más de 500 habitantes perteneciente al municipio de la localidad serrana de Cortegana, en la provincia de Huelva.
La mina Confesionarios, denominada así por la existencia de unas formaciones geológicas que recuerdan de alguna manera los confesionarios de los templos, constaba de un escenario compuesto por una corta (explotación minera a cielo abierto), malacate (montacargas que subía y bajaba a los mineros y materiales hasta llegar al mineral), las trituradoras, las lavadoras de mineral y las dependencias para que los mineros se asearan y se cambiaran de ropa.
En la “Dehesa de Valdelamusa” (nombre del paraje), a poniente de un pequeño cerro cubierto por un bello pinar tras el cual queda el mencionado pueblo minero, destaca, esbelta y dominante, la chimenea del complejo minero, erigida por una empresa alemana.
Nada parece, desde la lejanía, insinuar la posibilidad de que esta histórica chimenea de ladrillo, realizada con arena de ribera y cal, se derrumbe definitivamente y, sin embargo, el tiempo no ha pasado en balde por ella. Sin una pronta restauración no tardará mucho en ser más que otro montón de piedras.
Los signos superficiales del criadero desaparecieron al abrir la corta. Consisten en los habituales crestones ferruginosos típicos de las piritas oxidadas, en una longitud de 400 metros. El criadero se sitúa entre pizarras y grauvacas, con rocas cristalinas al sur y pórfidos hacia levante. La montera tenía una altura de 16 metros.
Los primeros indicios, aparte del evidente gossan, fueron una galería de origen romano con escombreras y escorias cuyo material fue usado como balastro para la línea férrea que pasa junto a Valdelamusa (línea Aguas Teñidas-Valdelamusa).
Los primeros trabajos modernos datan de 1880-1881, con la investigación por sondeos hasta los 60 metros por parte de una empresa inglesa, que desestimó su explotación por las bajas leyes de cobre de pirita.
En 1886, la Compagnie des Mines de Cuivre d’Aguas Teñidas adquiere, al mismo tiempo que Aguas Teñidas, la mina Confesionarios y, en esos años comienza tanto la explotación a cielo abierto, mediante una corta amplia, poco profunda, como la construcción del poblado de Valdelamusa, aprovechando el paso por la zona del trazado del ferrocarril Zafra-Huelva, abierto el 23 de junio de 1886. En 1888 trabajaban allí 290 personas.
En 1889 es adquirida en arriendo por la “Sociedad Francesa de Piritas de Huelva”, que amplía el poblado de Valdelamusa con numerosas mejoras como viviendas para empleados, hospital, oficinas centrales, casa de huéspedes, almacenes y talleres mecánicos, y una trituradora de piritas.
La explotación se agotó a finales del siglo XIX. En 1965 las concesiones pasaron a Piritas de Huelva, S.A.L. Existen varios vacies de gossan con leyes interesantes. Éstos intentaron ser explotados en distintas ocasiones por Riotinto y Tharsis (Filón Sur, S.A.), sin éxito por no alcanzarse acuerdos con los propietarios. En 1977 se vendió a los trabajadores pero la falta de rentabilidad no hizo fructífera su continuidad.
La corta, que fue denominada antiguamente Las Herrerías de los Confesionarios, es casi circular, con 200 metros de diámetro, con un gran lago interior de aguas teñidas de rojo.
En su máximo apogeo (1885-1888) contaba con cuatro máquinas de vapor fijas: dos para subir los minerales, una para el desagüe y otra en talleres; también había dos pequeñas locomotoras con vagones.
El mineral (pirita de hierro para la obtención de azufre), extraído por el sistema “glory hole” (“agujero glorioso” o cielo abierto) y por un pozo maestro hasta la cota del ferrocarril, era transportado hasta Valdelamusa, descargando por gravedad sobre los vagones desde los muelles allí existentes. Por la vía férrea de Zafra llegaban a su destino en Huelva.
En los años finales del siglo XX se han retirado más de 20.000 metros cúbicos de residuos, se han reforestado 11 hectáreas y plantado pastizal. Actualmente la mina se encuentra abandonada pero el entorno ha sido rehabilitado como lugar de paseo, con un sendero señalizado, con unas bellas vistas.
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