Ex-convicto
Saber (Romanos 8:1-2 NTV)
Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús; y porque ustedes pertenecen a él, el poder del Espíritu que da vida los ha libertado del poder del pecado, que lleva a la muerte.
Pensar
¡Eres libre! Esta es la nueva condición, nada personal de lo cual jactarse, pues alguien pagó por ti y por mí, “Jesús”. Realmente somos exconvictos, pues el Señor nos sacó de la cárcel del pecado en donde nuestra sentencia era cadena perpetua, que al final lleva a la muerte. Pero, seguro hemos pensado que nuestro pecado no era tan malo, robar un chicle, decir una mentirilla a parte es blanca, hágame usted el favor hasta les tenemos semáforo a las mentiras, por otra parte, decimos yo no he matado a nadie; yo nunca he adulterado uf, déjeme aclarar este punto “todos hemos sido adúlteros y nos hemos prostituido” pues en algún momento le hemos sido infieles a Dios, desde aquí, merecíamos morir lapidados (Lev 20:10).
El texto declara que le pertenecemos a Cristo, porque es por medio de su Santo Espíritu que hemos sido libertados. Por tanto, la sentencia que teníamos queda sin efecto sobre nuestras vidas, ya que Jesucristo tomó nuestro lugar en la cruz del calvario y avergonzó a satanás y la muerte, coronándose de gloria en la resurrección.
¿Qué hombre sensato quiere volver al yugo de la esclavitud? Solamente uno que ha cauterizado la conciencia a causa de darle cabida al diablo en lugar de poner resistencia, por el poder del Espíritu podemos vencer, porque nuestra victoria está en Cristo. De manera que ahora somos de Él, estamos por Él y anhelamos su venida.
Hacer
Mantenernos en integridad, ejerciendo la libertad otorgada en una fuerte lucha contra los deseos de la carne. Vivamos una vida de gratitud porque fue alto el precio de tu rescate, ahora es más alto el valor que tienes como hijo de Dios, por lo tanto, es grande el compromiso con quien lo pagó.
Nunca olvidemos que somos ex-convictos, no para estarnos latigando en la culpabilidad, sino como un recordatorio de que, aun siendo reos de muerte ahora gozamos de una libertad inmerecida e ilimitada.
Disfrutemos la vida en santidad porque en ella nuestro Dios se deleita, cuando es visible a quien le pertenecemos, es evidencia de que no nos avergonzamos de nuestra nueva identidad, por lo contrario, es algo que no podemos ocultar, es tan visible cuando has pasado de las tinieblas a la luz, de la cárcel a la libertad, que los primeros que lo detectan son las fuerzas del mal.
El que fue ladrón ya no roba más, el que fue adúltero ya no adultera más, el que mentía ahora vive y se regocija en la verdad. Vivir para Cristo es morir al mundo y sus deseos.
Orar
Padre Santo, Dios de amor, tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria de generación en generación, exaltado sea tu nombre pues sólo Tú eres digno de toda adoración. Te damos las gracias Señor por tu amor inagotable pues recibiste el pago por nuestra libertad, y por medio del sacrificio de Jesucristo en la cruz somos aceptos delante de ti. Perdona oh Dios, cuando con ligereza hacemos uso de esta libertad y atendemos los deseos de la carne, ayúdanos a ser fortalecidos por el Espíritu de santidad de quien proviene todo lo bueno, lo agradable; te entrego mi mente Padre para que sea transformada según tu voluntad, que es perfecta, aunque no lo logremos entender vivir para Cristo es la verdadera libertad. Glorifícate Señor en nuestras vidas y llénanos de tu santidad, para honra de tu nombre por medio de Jesucristo tu Hijo amado y nuestro Señor. Amén.
Adulamitas LLG
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