Jesús toma la cruz y camina al Calvario
Jesús mío, me fundo en tu Divina Voluntad y entro en esta hora en que abrazas la cruz, suspirada por tu amor infinito. En ese abrazo sagrado hago correr mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todos los rechazos que las criaturas hacen de la cruz que Tú les envías para su salvación.
Amor mío, entro en el beso que das a la cruz y en ese beso imprimo mi correspondencia por todos los sufrimientos humanos que no han sido aceptados con amor.
Jesús mío, entro en cada paso que das bajo el peso de la cruz y en cada paso imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todos los pasos de la humanidad que se alejan de Ti.
En el peso inmenso de la cruz que llevas sobre los hombros imprimo mi correspondencia por todas las culpas de las criaturas que se acumulan sobre tu Corazón.
Jesús mío, entro en la primera caída que sufres bajo la cruz y en ese dolor imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todas las caídas del hombre en el pecado.
En cada gota de sangre que brota de tus llagas hago correr mi amor por todas las almas que necesitan levantarse de sus caídas.
Jesús mío, entro en el encuentro dolorosísimo con tu Madre Santísima y en esa mirada donde vuestros corazones se funden imprimo mi correspondencia por todos los dolores de las madres y de los hijos que sufren en este mundo.
En esa unión de amor y dolor hago correr mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todas las almas que aprenderán a sufrir unidas a Ti.
Jesús mío, entro en tu segunda caída bajo la cruz y en ella imprimo mi correspondencia por todas las recaídas en el pecado.
En tu dolor por los pecadores obstinados hago correr mi amor por todas las almas para que encuentren la gracia de la conversión.
Jesús mío, entro en la llaga profunda de tu hombro formada por el peso de la cruz y en ella imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todos los pecados ocultos que hieren tu Corazón.
En cada espina que penetra más en tu cabeza hago correr mi correspondencia por todos los pensamientos de soberbia y malicia.
Jesús mío, entro en el momento en que el Cirineo es obligado a ayudarte a llevar la cruz y en ese acto imprimo mi “te amo” por todas las veces que las criaturas han llevado la cruz con disgusto y sin amor.
En tu dolor por las almas consagradas que huyen del sacrificio hago correr mi correspondencia por todos los llamados a la santidad.
Jesús mío, entro en el gesto de la Verónica que limpia tu rostro y en ese acto imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todas las almas valientes que consuelan tu Corazón.
En tu rostro impreso en el paño hago correr mi amor por todas las almas que desean llevar tu imagen en su vida.
Jesús mío, entro en tu palabra dirigida a las mujeres de Jerusalén y en ella imprimo mi correspondencia por todas las faltas de caridad y por todas las almas que necesitan conversión.
Jesús mío, entro en tu tercera caída bajo la cruz y en ella imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todas las obstinaciones del pecado.
En el momento en que te arrastran hasta el Calvario hago correr mi amor por todas las almas que han sido arrastradas por el mal.
Jesús mío, entro en el instante en que te despojan de tus vestiduras en el Calvario y en ese dolor imprimo mi correspondencia por todos los pecados contra la modestia y por todos los apegos humanos.
En tu desnudez reparadora hago correr mi amor por todas las criaturas para que se despojen del pecado.
Y desde este monte santo donde el Amor se prepara para el supremo sacrificio, pido que el Reino de tu Divina Voluntad venga a la tierra; que tu cruz sea luz para todas las almas, que tus llagas sanen al mundo y que tu amor conquiste todos los corazones.
Jesús mío, me uno a tu Corazón y en cada latido tuyo hago correr el mío para acompañarte ahora en la hora solemne de la crucifixión.
Te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco.
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