Hay momentos en la vida en los que el camino desaparece. No porque no exista… sino porque nuestros ojos no alcanzan a verlo. Momentos donde haces lo correcto, oras, te esfuerzas, confías, y aun así todo parece ir en dirección contraria. Y es ahí, justo ahí, donde nace la pregunta que pocos se atreven a decir en voz alta: “Dios… ¿de verdad sabes lo que estás haciendo?”
No te asustes por pensar eso. No te culpes por sentirlo. Dudar no te hace débil; te hace humano. La fe no es la ausencia de preguntas, es la decisión de seguir caminando aun cuando las respuestas no llegan.
Porque confiar en Dios cuando todo tiene sentido no es fe… es lógica. La verdadera fe comienza cuando el mapa se rompe, cuando el GPS se queda sin señal, cuando ya no entiendes el camino pero decides no soltar la mano de quien lo trazó.
Y aquí quiero que seas honesto contigo. Escríbelo en los comentarios si alguna vez has sentido que estabas caminando a ciegas, que dabas pasos sin entender por qué. Escríbelo, porque no estás solo, y porque al decirlo, empiezas a sanar.
A veces creemos que confiar en Dios significa entender cada detalle, pero no. Confiar en Dios es aceptar que hay una visión más grande que la nuestra. Es reconocer que nuestra mente ve fragmentos, pero Dios ve el cuadro completo. Tú ves el hoy; Él ve el final. Tú ves el dolor; Él ve el propósito. Tú ves el retraso; Él ve la preparación.
Hay puertas que Dios no abre porque detrás de ellas hay una versión tuya que todavía no podría sobrevivir. Hay caminos que no te muestra porque, si vieras todo lo que implica recorrerlos, tal vez no te atreverías a empezar. Y no porque seas incapaz, sino porque aún no sabes lo fuerte que puedes llegar a ser.
Dios no te esconde el camino para castigarte. Te lo oculta para enseñarte a caminar por fe, no por vista.
Déjame contarte una historia.
Había un hombre que cada noche caminaba por un bosque para llegar a su casa. Siempre llevaba una linterna potente que iluminaba todo el sendero. Un día, la linterna dejó de funcionar. Oscuridad total. El miedo lo paralizó. No sabía si avanzar, retroceder o quedarse quieto. Entonces, de pronto, la linterna volvió a encender… pero solo iluminaba dos pasos frente a él. No el camino completo. No el final. Solo dos pasos.
Molesto, gritó: “¿De qué sirve esto? ¡No puedo ver todo el camino!”
Y una voz suave respondió: “No necesitas ver todo el camino. Solo necesitas confiar lo suficiente para dar el siguiente paso.”
Eso es exactamente lo que Dios hace contigo.
Dios rara vez te muestra el plan completo. Te muestra el paso que sigue. Porque si confiaras en el plan completo, confiarías en el plan… no en Él.
Y aquí está la verdad que muchos no quieren aceptar: entenderlo todo no es requisito para avanzar. La fe no necesita claridad total; necesita obediencia diaria. Un paso hoy. Otro mañana. Y otro cuando sientas que ya no puedes más.
Si hasta ahora este mensaje está resonando contigo, te pido algo sencillo pero poderoso: suscríbete al canal, porque este espacio existe para recordarte quién eres cuando el mundo intenta confundirte, y porque seguiré compartiendo mensajes que pueden marcar un antes y un después en tu vida.
Confiar en Dios cuando no comprendes el camino también implica soltar el control. Y eso duele. Duele porque nos enseñaron que controlar es sinónimo de seguridad. Pero el control es una ilusión. Nunca tuviste el control. Solo tuviste la sensación de tenerlo.
La verdadera seguridad no está en saber qué pasará mañana, sino en saber quién camina contigo hoy.
Tal vez estás pasando por una etapa donde todo se cae: relaciones, planes, expectativas, versiones antiguas de ti mismo. Y crees que es el fin, pero en realidad es Dios despejando el terreno. Porque no se puede construir algo nuevo sobre cimientos viejos. No se puede vivir el futuro aferrado al pasado.
Dios no destruye por crueldad; limpia por amor.
Y escúchame bien: si Dios permitió que no entendieras el camino, es porque quiere que entiendas algo más profundo… que no caminas solo.
Escribe en los comentarios esta frase, y hazlo con intención, no como un simple texto:
“Aunque no entienda el camino, confío en Dios.”
No porque ya no tengas miedo, sino porque decidiste no dejar que el miedo dirija tu vida.
Y esto apenas comienza…
Hay silencios de Dios que incomodan más que cualquier respuesta. Porque cuando Dios guarda silencio, nuestra mente empieza a gritar. Empieza a llenarse de suposiciones, de miedos, de escenarios que nunca ocurrieron pero que se sienten reales. Y es ahí donde muchos se rinden, no porque Dios haya fallado, sino porque no supieron esperar sin entender.
Pero escúchame con atención: el silencio de Dios no es ausencia, es trabajo interno. Mientras tú piensas que nada está pasando, Él está acomodando piezas que ni siquiera sabes que existen.
Dios trabaja en dimensiones que no puedes medir. Tú cuentas días; Él cuenta procesos. Tú miras resultados; Él forma carácter.
Информация по комментариям в разработке