Si hoy estás viendo este video, no es casualidad. Y no lo digo como una frase bonita para empezar, lo digo porque hay momentos en la vida en los que uno llega a ciertos mensajes justo cuando más los necesita. Tal vez vienes de una etapa donde te rechazaron, donde te dijeron que no eras suficiente, donde te cerraron una puerta que tú sentías que era tu destino. Tal vez alguien se fue, tal vez te hicieron a un lado, tal vez te ignoraron cuando más necesitabas apoyo. Y déjame decirte algo con absoluta claridad: el rechazo de los hombres jamás puede cancelar la elección de Dios.
Porque cuando Dios te elige, no lo hace por error, no lo hace por impulso y no lo hace porque le sobran opciones. Dios te elige con conocimiento completo de tu pasado, de tus heridas, de tus errores y de tus miedos. Te elige sabiendo lo que otros no pudieron ver. Por eso, cuando alguien te rechaza, no está rechazando tu valor; está revelando su incapacidad de reconocerlo.
Y aquí quiero que hagas una pausa conmigo. Si alguna vez te sentiste rechazado por alguien que era importante para ti, escribe en los comentarios: “Dios me eligió”. No para convencer a otros, sino para recordártelo a ti mismo.
El rechazo duele, claro que duele. No somos de piedra. El rechazo quiebra el ego, lastima el alma y pone en duda la identidad. Pero hay algo que tienes que entender hoy: el rechazo no es una sentencia, es un filtro. Es la manera en que Dios aparta de tu camino a quienes no están preparados para caminar contigo hacia donde Él te quiere llevar.
Dios nunca permite un rechazo sin propósito. Nunca. A veces el rechazo es protección disfrazada. A veces es una liberación que no entendiste en el momento, pero que agradecerás después. Porque si Dios te eligió, ningún “no”, ningún abandono y ningún portazo puede destruir lo que Él ya bendijo.
Déjame contarte una historia corta.
Había una vez un joven que soñaba con construir algo grande. Tocó muchas puertas, presentó su idea con pasión, con fe, con hambre de futuro. Pero una tras otra, las puertas se cerraban. Le decían que no, que no era el momento, que no tenía el perfil adecuado. Cada rechazo era como un golpe directo al corazón. Una noche, cansado, frustrado, le preguntó a Dios: “¿Por qué si esto nació en mi corazón, nadie cree en mí?”. Y en ese silencio profundo, entendió algo que cambiaría su vida: Dios no estaba permitiendo esos rechazos para humillarlo, sino para alinearlo. Meses después, una sola puerta se abrió. Una. Pero esa puerta lo llevó más lejos de lo que todas las otras juntas hubieran podido llevarlo. Si no lo hubieran rechazado antes, jamás habría llegado al lugar correcto.
Escucha esto con atención: no todas las puertas cerradas son pérdida; algunas son dirección.
Y aquí es donde muchos se equivocan. Confunden rechazo con fracaso. Pero el rechazo no habla de tu destino, habla del nivel de visión de quien te rechaza. Hay personas que simplemente no tienen la capacidad de ver lo que Dios puso en ti. Y está bien. No fueron llamados a verlo.
Si Dios te eligió, tu valor no depende de la aceptación de otros. Tu identidad no se negocia con aplausos ajenos. Tu propósito no se define por opiniones humanas.
Ahora dime algo: ¿cuántas veces intentaste encajar donde Dios nunca quiso que pertenecieras? Escríbelo en los comentarios si esto también te ha pasado.
Hay rechazos que duelen porque tocan una herida antigua: la necesidad de aprobación. Pero Dios no te llamó a mendigar aceptación, te llamó a caminar con autoridad. Y la autoridad no se valida con likes, se valida con obediencia.
Tal vez hoy estás en ese punto donde dudas de ti mismo porque alguien se fue, porque alguien te cambió, porque alguien te descartó. Y Dios hoy te dice: no te rechazaron, te liberaron. Porque si se fueron, es porque no podían acompañarte a donde vas.
Y aquí va una verdad que pocos se atreven a decir: no todo el mundo merece acceso a tu proceso. Hay etapas donde Dios te separa, no para castigarte, sino para fortalecerte. Porque antes de exponerte, necesita afirmarte.
Информация по комментариям в разработке