Arucci, Turóbriga, Ermita de San Mamés, Castillo, Nuestra Señora de la Asunción, ribera del Chanza… Estos son algunos ejemplos de la historia y la belleza que encierra Aroche y todo su entorno, situado en plena sierra de Huelva. En la cima, a 438 metros de altura, dominando el núcleo urbano, se encuentra su castillo, mimado y protegido por sus serpenteantes calles. Quizás estemos hablando de su edificio más emblemático.
Parece ser que su origen es almohade de entre los siglos XI y XII. Se trata de un edificio con mucha historia, no sólo por la cantidad de citas y noticias históricas documentadas sino también por la cantidad de fábricas distintas que se yuxtaponen y superponen, produciendo un puzzle arqueológico y arquitectónico.
En su mismo solar se levantó un anfiteatro romano mandado a construir en el año 97 por el emperador Nerva Antonio y terminado por Elio Adriano el año 120 de nuestra era, muestra inequívoca de la importancia que tuvo la zona en época romana. En el siglo XIII Sacho II de Portugal y la Orden de San Juan del Hospital reconquistaron la zona, y por supuesto el castillo, pasando a poder cristiano, primero a la corona portuguesa y posteriormente, tras el tratado de Badajoz, a la corona castellana. Se incluiría dentro de la denominada banda gallega, una línea defensiva distribuida por las principales vías de comunicación para defender a la población y guardar los intereses territoriales del Reino de Sevilla frente al Reino de Portugal y las Órdenes Militares.
El Castillo de Aroche, siguiendo el modelo de fortalezas islámicas de la provincia, atiende a un cuadribugium, cuya planta es casi rectangular, con diez torres, cuatro de ellas en los ángulos y seis más entre los lienzos de muralla. Estas torres son de planta cuadrada o rectangular. La fortaleza conserva una puerta de acceso directo que podría corresponder con la primera fase de construcción del castillo, localizada en el flanco sur, se trata de la llamada “Puerta de la Reina”, con arco de herradura enmarcado en un alfiz rehundido, construida en ladrillo. La entrada actual a la fortaleza data del siglo XVIII, con un arco de medio punto y marcada con un pináculo de factura barroca sobre la coronación de la muralla. La fortaleza tiene un trazado irregular, con un perímetro de 273 metros. Se construyó en tapial, a base de mampostería y cintas de ladrillo. Sus muros tienen una altura cercana a los diez metros. Tiene tres puertas de distinta datación, la de Sevilla, Santa Clara y la Santísima Trinidad. Su recinto tiene 98 metros de longitud en dirección sureste-noroeste.
El Castillo ha sido objeto de varias restauraciones arquitectónicas desde el siglo XX, dándose a partir del 2.001 las actuaciones más actuales, siguiendo el criterio de recomponer el estado original del enfoscado en parte de los lienzos, así como facilitar la lectura de los paramentos, siguiendo su evolución histórica. Dentro del recinto amurallado existe una plaza de toros, edificada en 1.802.
El mal estado del Castillo llevaría a la pérdida de su función defensiva y posterior abandono. Esto hizo posible que en la plaza de armas del Castillo se construyera la citada plaza de toros aprovechando sus estructuras.
¡Cuántos suspiros expirados por Bráfama y Saluquia! Queda claro que no puede existir un castillo medieval sin leyenda.
En las cercanías del castillo podemos observar parte de la impresionante iglesia tardogótica de Nuestra Señora de la Asunción, fiel compañera de viaje.
En 2015 se inauguró la Sala del Alcaide, la cual observamos en las imágenes. Se trata de un nuevo espacio en el interior del Castillo de Aroche que recrea la sala del Alcaide del Castillo en una de las salas abovedadas que el castillo conserva.
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