Jesús mío, me fundo en tu Divina Voluntad y entro en esta hora en que eres coronado de espinas y presentado al mundo como “Ecce Homo”. En tu cabeza traspasada por las espinas hago correr mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todos los pecados de pensamiento, por las soberbias humanas y por todas las inteligencias que se han levantado contra tu verdad.
Amor mío, entro en cada espina que atraviesa tu frente y en cada una imprimo mi correspondencia por todos los pensamientos de orgullo, de ambición, de vanidad y de rebeldía que han ofendido tu Majestad.
Jesús coronado, entro en la sangre que corre de tu cabeza y en cada gota imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todas las veces que las criaturas han usado su inteligencia para el mal.
En la caña que pones en tu mano como cetro de burla imprimo mi correspondencia por todas las obras hechas sin espíritu interior y con intención torcida.
Jesús mío, entro en la venda que cubre tus ojos y en ella hago correr mi amor por todos los que se ciegan voluntariamente para no ver la luz de la verdad.
En las burlas y bofetadas que recibes como falso rey imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todas las ambiciones humanas que buscan honores, dignidades y poder.
Jesús mío, entro en tu deseo de reinar en cada corazón y en cada latido de tu Corazón imprimo mi correspondencia por todas las almas para que te reconozcan como Rey.
Amor mío, entro en el momento en que Pilatos te presenta al pueblo diciendo: “Ecce Homo”, y en esa manifestación de tu Humanidad desfigurada imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todos los desprecios hechos a tu imagen en las criaturas.
Jesús mío, entro en la sangre que cubre tu rostro y en cada gota imprimo mi correspondencia por todos los pecados de orgullo y de dominio que han oprimido a los pobres y a los inocentes.
En tu silencio ante Pilatos imprimo mi “te amo” por todas las injusticias cometidas por quienes gobiernan sin virtud.
Jesús mío, entro en el momento terrible en que el pueblo grita “Crucifícalo” y en ese grito imprimo mi correspondencia por todos los rechazos que el hombre ha hecho de tu amor.
En el dolor de tu Corazón que siente la pérdida de tantas almas imprimo mi “te adoro, te bendigo y te agradezco” por cada alma que aceptará tu sacrificio y encontrará la salvación.
Jesús mío, entro en el instante en que Pilatos se lava las manos y en ese gesto imprimo mi correspondencia por todas las cobardías humanas que prefieren perder la justicia antes que perder el poder.
En tu aceptación de la sentencia de muerte imprimo mi “te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco” por todas las veces que la voluntad humana ha rechazado tu Voluntad divina.
Jesús mío, mientras tu corazón sangra por las almas que se perderán, me uno a tus reparaciones y hago correr mi amor por todas las generaciones humanas.
Y desde este tribunal donde el Inocente es condenado, pido que el Reino de tu Divina Voluntad venga a la tierra; que tu verdad reine en los corazones, que tu amor transforme a los pueblos y que tu sangre redima a todas las criaturas.
Jesús mío, me estrecho a tu Corazón y en cada latido tuyo hago correr el mío para acompañarte ahora en el camino hacia la cruz.
Te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco.
Информация по комментариям в разработке