En la comarca onubense del Condado de Huelva se encuentra el municipio de Niebla, villa milenaria, antigua capital del condado de su nombre, que se levanta en una colina sobre el río Tinto, dentro de un recinto jalonado de torres de planta cuadrada y octogonal y que constituye un conjunto de gran belleza.
En las imágenes ya observamos la Niebla antigua, su casco histórico, intramuros, ubicado a orillas del río Tinto, que lo bordea por el este y sur, río que marca el límite de expansión urbana en estas áreas.
A la altura de Niebla, el río Tinto comienza a abandonar su filosofía inicial de tonos rojizos. Aguas más abajo, conforme fluyen en búsqueda de su desembocadura, el color cobrizo y buena parte de la acidez de sus aguas van disipándose con el vaivén de los flujos mareales de las saladas aguas atlánticas.
Sin lugar a dudas, la estampa más famosa de Niebla es sus famosas murallas almohades. El historiador Rodrigo Caro decía de Niebla que “mirada de lejos, parece una ilustre ciudad”.
Los tartesios la llamaron Ilípula, los romanos Ilipla, los visigodos Elepla, los andalusíes Lebla y los castellanos Niebla. La ciudad ha sido testigo de múltiples culturas y civilizaciones a lo largo de los siglos, lo que ha dejado una huella imborrable en su patrimonio histórico y cultural. Este rico patrimonio histórico y cultural hizo posible que en 1982 toda la villa intramuros fuese declarada conjunto histórico monumental, convirtiendo a la ciudad en un verdadero museo al aire libre.
De su riquísimo patrimonio vamos a destacar sus murallas. Las murallas y torreones dan cobijo a 16 hectáreas en un perímetro aproximado de 2 kilómetros.
Las partes más antiguas de estas murallas corresponden al siglo VIII a.C., de época tartésica y fenicia. Los romanos también aportaron un buen basamento en las mismas. Pero las actuales murallas, de tonos rojizos, las que observamos en las imágenes, son de origen almohade, del siglo XII.
En el interior de sus murallas se encuentra el casco antiguo e histórico de la ciudad, que aún conserva parte de su antiguo trazado, y el castillo de Niebla, el Castillo de los Guzmanes.
El castillo es de origen romano. El alcázar fue primero el arce o ciudadela (el “oppium” de los romanos) y morada del decurión. Fue sufriendo diversas reformas por parte de todos sus sucesivos ocupantes. Con la dominación árabe, el castillo pasa a ser el alcázar o palacio. El edificio que se puede ver actualmente es del siglo XV.
En los exteriores podemos observar no sólo la ciudad extramuros, mucho más moderna, sino también un extenso paisaje de sus tierras aledañas, auténtica campiña.
Con nuestro amigo y piloto Juan Sigüenza, pudimos pasar una magnífica jornada, además de captar la preciosa simbiosis de Niebla y el río Tinto, eternos acompañantes históricos. Sin él, este trabajo no hubiese sido posible. Gracias, Juan.
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